El problema
Una entidad financiera procesa miles de transacciones diarias a través de múltiples canales, procesadores y redes de pago. Su proceso de conciliación depende de planillas manuales, cruces parciales y un equipo que dedica días a detectar diferencias entre lo que se transaccionó, lo que se liquidó y lo que se registró contablemente. Las diferencias aparecen tarde, los cierres se retrasan y el riesgo operativo crece.